FEMINISMO
FEMINISMO
De la negación de ser,
a la afirmación de ser

     En este viaje apasionado en el que estoy inmersa desde hace tantos años constantemente encuentro algo nuevo para exponer en la segunda parte de mi libro, y no resulta nuevo por reciente, sino por incorporar un tema más que considero de interés general y de arrastre histórico que deben tomar conocimiento quienes lo desconocen y tomarlo como que fue la apertura de una gran transformación en la mujer.
     El emprender esta travesía hace que resulte interminable su evolución, solo intento realizar un aporte más al propósito de cambiar esquemas que venimos forjando las mujeres que deseamos otro mundo que el establecido.
     Una de las cosas más importantes que aprendí de mi vida política, es que resulta imposible demostrar aquello que no somos. Puedo sin duda alguna probar con un sinnúmero de ejemplos la afirmación de ser en contraposición de la negación de ser.
     La negación de ser se anula justamente cuando con diáfana verdad emerge la afirmación de "ser" de una manera muy categórica, porque podría tranquilamente entrar en una infernal arenga si pretendo demostrar lo negativo de una explícita o implícita personalidad, la definición de una ideología política, o religiosa, como así también la orientación sexual escogida libremente. Seria inútil entonces intentar decir por ejemplo: "no soy atea" ¿Pues como demostrarlo en este momento sin tantos ambages? Con la simple sinceridad de confirmar que soy cristiana cuando para reafirmarlo muestro que pende de mi cuello la imagen de la Medalla Milagrosa que es lo que da por definida mi posición de creyente y adoradora Mariana dejando de lado los convencionalismos dogmáticos impuestos por hábitos del pasado rancio.
     Debemos reafirmar categóricamente nuestra identidad, es fundamental revalidar valores nuevos y genuinos, elevar nuestra autoestima y dejar definitivamente de oír un ego cultural segregacionista que nos han aplicado de inferioridad, para que de esta forma se pueda permitir que surja una conciencia con autoestima elaborada por su condición genuina de género sin instrucciones que la circunscriban a una determinada forma de ser concebida para ser mujer estereotipada masculina.
      Todavía se oyen voces influenciadas por el temeroso machismo ortodoxo. Podemos arrancar en la aplicación corriente y muy conocida frase: "Yo no soy feminista" exclamada como salvaguarda para cubrir alguna duda de un mal entendido. Pues entonces mujer dime: ¿que eres? Porque siquiera puedes responderme con claridad que es el feminismo para que lo niegues tan rotundamente.
     Resulta habitual temer a lo desconocido,  y  por ilustración adquirida es asumir el erróneo concepto del significado de feminismo.   Se tiene bajo el criterio de ser el antónimo de machismo, cuando lo correcto de su antónimo sería el hembrismo como expuse en otra de mis conclusiones, es esta solapada e injusta interpretación de la palabra feminismo que ha adquirido su mala reputación señalando a una persona ser anti hombre.
     Fue tradicional el valor sarcástico adjudicado a este movimiento político centenario para que sea observado con recelo, distorsionándolo e enfundándolo como teorías de bases androfóbicas para connotarlo de negatividad hacia el varón y compadecer a esas feministas pasadas de moda que lucharon por el derecho de la mujer a la educación superior, a seguir una carrera universitaria o a adquirir el derecho al sufragio, de elegir y ser elegidas.
     Aun se rumorea en muchas sociedades del mundo actual la nefasta opinión de que esas mujeres feministas eran víctimas neuróticas de la ansiedad fálica, que deseaban ser hombres y de su gran frustración por haber nacido mujer en el orden de inferioridad de condición de personas sobre la supremacía masculina.
     Su heroica lucha por el derecho de la mujer a participar en los asuntos principales y en las decisiones de la sociedad como iguales a los hombres, se le condicionaba a creer que renegaban de su propia naturaleza de mujer que solo debía realizarse en la pasividad sexual, en la aceptación dominante del varón y en la concepción, descalificando la posición de vivir al servicio del mundo proyectista y lograr favorecer un diseño compartido de este.
     En realidad fue la necesidad de forjar una nueva personalidad las que impulsó a estas apasionadas feministas a trazar nuevas rutas para la mujer. Algunos de estos caminos eran inesperadamente escabrosos, otros callejones sin salida, pero era real la necesidad de las mujeres de descubrir nuevas travesías porque ya les resultaba insuficiente el establecer un hogar como única meta sino que no podían postergar la negación de la existencia de su inteligencia deseando formar parte del esquema social del cual integraban como seres independientes.
     Las primeras feministas fueron las pioneras en la línea de fuego de la batalla para que la evolución de la mujer gane la guerra. Y aun sigue pendiente esta situación porque si bien podemos decir que mucho hemos avanzado, no obstante debemos continuar con la cruzada de peregrinar por un denso camino de superación personal.
     Ellas sin lugar a duda tenían que demostrar que eran humanas mientras que el hombre controlaba enérgicamente su destino con esa parte de la anatomía que no tiene otro animal "la mente" y una mente lamentablemente con convencimiento de superioridad.
     La leyenda de la historia sobre el origen del feminismo indiscutiblemente es una deformación de la realidad sobre la que nadie se ha preguntado curiosamente el ¿Por qué? de la pasión y el ímpetu del movimiento feminista se lo hacía proceder exclusivamente de solteronas fracasadas, necesitadas sexuales, apesadumbradas llenas de odio hacia los varones, de mujeres estériles o consumidas sexuales por tal ansia del miembro viril que se lo querían arrancar a todos los hombres o destruirlos definitivamente, para reclamar sus derechos porque en apariencia carecían de la capacidad de amar libremente.
     Es menester recordar que por aquellos años de siglos no muy lejanos, el apasionamiento erótico en la mujer como la inteligencia estaban totalmente reprimidos. Las palabras feminista y mujer de estudio, se convirtieron en agravios alevosos para quienes la recibían.
     Las feministas habían logrado destruir el antiguo tipo de mujer vigente de la época, pero no podían borrar la hostilidad, el prejuicio, la discriminación que seguía existiendo, y tampoco podían perfilar el nuevo tipo femenino de lo que llegaría a ser la mujer cuando creciera en condiciones que no la hicieran inferior al hombre, dependiente, pasiva e incapaz de pensar o decidir por si misma.
     Agotaron todos los recursos más inverosímiles, no midieron en aplicar terrorismo psicológico involucrando a un Dios réprobo, casi satánico, y aun así no pudieron con ellas, tenían que luchar contra la idea de que estaban violando la propia y única naturaleza que Dios les había proporcionado, la concepción.
     Los predicadores exaltados, interrumpían las reuniones sobre los derechos de la mujer enarbolando Biblias y citando párrafos de las Escrituras Sagradas: "San Pablo dijo: y la cabeza de cada mujer es el hombre…"; "Que vuestras mujeres guarden silencio en la Iglesia pues a ellas no les está permitido hablar…"; "Y si quieren aprender algo, que se lo pregunten en casa a su marido, porque es vergonzoso que las mujeres hablen en el templo…"; "Pero yo no aguanto que una mujer enseñe, ni usurpe autoridad al hombre, sino que este en total silencio; pues Adán fue creado primero y luego Eva…"; "San Pedro dijo: por lo tanto, vosotras, esposas estaréis sujetas a vuestros maridos…" y así podemos seguir citando infinidad de mensajes bíblicos apocalípticos y prejuiciosos, prohibiciones y tabúes que se encuentran en todos los niveles de la cultura de los pueblos por mas de tres mil años efectivos. Desde refranes de descrédito, al código civil, desde los libros sagrados y absolutos a las resoluciones exclusivas de los conductores espirituales, desde las teorizaciones filosóficas hasta la psicología freudiana regían y rigen severamente el estado dentro de un marco de referencia dado a la mujer. Pero no pudieron desde aquel entonces entorpecer nuestra evolución y seguimos insistiendo en la escaramuza titánica de autonomía.
     Inclusive ojeamos la barbarie de antaño el no estar permitido en los coros de las iglesias la presencia de mujeres. Para reemplazar la voz aguda no vieron nada mejor que incluir a eunucos que se los ordenaba en tal condición desde niños a partir de los ocho años argumentando creencias angelicales.
     Era evidente que ya no se podía volver a meter el genio dentro de la botella. Cuando una mística tiene suficientemente fuerza, ésta crea su apropiada vida basada en hechos reales y se alimenta de su racional soberanía filtrándose paulatinamente en todos los escondrijos de la cultura.
     En el ámbito actual la mujer ya no está más divorciada del mundo de las ideas, ni de este mundo tan vertiginosamente cambiante que venimos alcanzando a pujanza de adquirir identidad y espacios de poder, porque al franquear todas las barreras legales, políticas, económicas y educativas que en otros tiempos impedían a la mujer ponerse a nivel del hombre siendo personas por derecho propio, se convertía en un ser con total libertad para desarrollar su potencialidad insistiendo en afirmar que tiene derechos a levantar su voz en el presente y futuro destino de la humanidad.
     La consistencia interna en cada mujer transgresora de normas que la condicionaban a ser objeto, da categóricamente como resultado final encontrarse consigo misma y transmutarse en sujeto equivalente al maravilloso nacimiento en cada una de nosotras del sentido de pertenecía del ser autónomo y soberano.

©María Cristina Garay Andrade©
Monte Grande – Buenos Aires – Argentina