Introducción 2

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Continua de Introducción 1

El sometimiento entre victimario y la víctima obedece a la toma de poder. Toda ruptura con el sistema de poder se convierte en una amenaza de peligro, por consiguiente, quitar de encima a este dios de barro tan invisible como real que me desaparece, presupone correr algunos riesgos. Dispuesta a todo estoy tratando de nacer o mejor dicho renacer sin lo traumático, sin el peso aplastante de la cultura machista predominante, si vestidos ni adornos superfluos, sin caminos trazados por mezquinos y masculinos provechos, simplemente nacer, sin palabras...
Puedo mirarme en un espejo no inventado, en un espejo propio, creado desde mi esencia y naturaleza de mujer me señala un camino inexplorado, me abisma, me templa, me embellece...
Desnuda mi alma y mi cuerpo vestido, necesito encontrarme. Comienzo a despojarme de todo. Primero la ropa, luego los adornos, los ruleros, la pintura, absolutamente toda esa máscara payasésca que me cosifica, que me da esa falsa imagen de migo-misma, de mujer disfrazada de mujer masculina.
Frente a esa, la que me dice concretamente y con firme aseveración que soy "UNA YO", que esta es la verdadera, la que luego de tan larga espera se hizo visible, la que vive en cada una de nosotras aguardando en silencio la derrota del miedo a ser, la ignorada por el lenguaje, la que quiere caminar libre y no al lado de..., la que definitivamente acabó con los paralogismos, la renacida, se van fundiendo en una sola persona, en una sola caja de resonancias, en la belleza de en un cuerpo perfecto preparado artesanalmente para concretar el milagro de la vida.
Quedé en silencio en el mundo corriente en que vivo, me di cuenta que existen más cosas de las que veo y creo. Una maravillosa multitud de yoes femeninas poblaban los distintos senderos de la vida y me sumé a ellas en su lucha de igualdades. Asumí el nuevo rol que me mostraba el espejo de migo-misma. Dejé de ser la otra parte de la humanidad y pasé a formar parte de la humanidad toda, ambas, nosotras y ellos.
Emprendí un viaje en el tiempo con fantasía. Un sin fin de voces gritaban su existencia en la historia truncada. En el recorrido interminable encontré recluida en las cavernas a la mujer de la prehistoria, la original sin pecado (porque el pecado es masculino), la inculta, la incivil, la que sobrevivió a los dinosaurios que hoy visten de traje y corbata, a la que crió a sus hijos a pura teta, sin médicos pediatras, sin médicos lipoaspirantes de cerebros, de esos contemporáneos que por años nos dijeron y nos siguen diciendo que es "lo mejor para la salud de nuestros hijos". De esos que por cruel ironía de la vida de hijas o hijos saben muy poco puesto que ni siquiera fueron capaces de engendrar una/o, de esos que en su agonía nos colman con insistencia de paternales y buenos consejos con total severidad, ridiculizando y convenciéndonos de nuestra aparente ignorancia. Las mujeres hemos llegado a creer que no sabemos como tener y criar bebes.
Invadida por científicos que me estudian, médicos que me tratan, moralistas que me dan prudentes consejos y religiones que me encasillan, veo mi origen intacto, soy la que llevó desde siempre por sabia naturaleza la titánica lucha de la conservación de su especie, cosa que a pesar de todo hemos podido lograr.
La perpetuidad de la vida canta solemnemente un himno a la supervivencia... Las fronteras que tanto nos limitan se extienden a lo largo y a lo ancho del camino, nos permiten entonces ver nuevos horizontes y "LA SER, UNA YO, MIGO-MISMA" y la que agoniza abren las puertas al cambio, esperando que entre todas (personas) podamos revelar nuevos y mejores vientos de cambio al soñado mundo de igualdades compartidas.

©MARÍA CRISTINA GARAY ANDRADE©
Derechos Reservados de Autora
(Prohibida su reproducción total o parcial sin previa autorización de la autora)
Monte Grande - Buenos Aires - Argentina
ISBN 950-887-013-3 / Ley 11723
Editorial Argenta Sarlep S.A
(1994)

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